Pediatría social alerta: regular las bebidas energéticas es un avance, pero urge frenar también el vapeo en menores
Las principales sociedades pediátricas españolas han celebrado el anuncio del Ministerio de Consumo de limitar la venta de bebidas energéticas a menores de 16 años y restringir las de mayor contenido en cafeína hasta los 18. La Asociación Española de Pediatría (AEP) y varias sociedades científicas afines consideran que la medida “está alineada con la evidencia científica” y supone un paso necesario para proteger la salud de niños y adolescentes.
Según recuerdan los especialistas, el consumo habitual de estas bebidas se asocia a insomnio, ansiedad, irritabilidad, cefaleas y problemas cardiovasculares y metabólicos. El documento señala literalmente: “Las bebidas energéticas no son inocuas. Contienen altas dosis de cafeína, azúcares y otras sustancias estimulantes cuyos efectos son especialmente perjudiciales en cerebros aún en desarrollo”.
La preocupación aumenta cuando estas bebidas se combinan con alcohol, un patrón que, según la encuesta ESTUDES 2025, afecta a cerca del 20% de los estudiantes. Desde Urgencias Pediátricas advierten que esta mezcla potencia las intoxicaciones y favorece conductas de riesgo.
Vapeo: un problema creciente y cada vez más precoz
El comunicado también pone el foco en el auge del vapeo entre menores. Más del 27% de los adolescentes afirma haber usado vapeadores en el último mes, y el inicio se está adelantando incluso a los 12–13 años. La nicotina, recuerdan los pediatras, tiene un fuerte poder adictivo y afecta al desarrollo cerebral, con impacto en la atención, el aprendizaje y la regulación emocional.
El texto recoge otra frase clave: “Consumir cafeína y nicotina a edades tempranas puede convertirse en la puerta de acceso a otras sustancias”. Además, alertan del aumento de vapeadores con cannabis o cannabinoides sintéticos, cuyo uso puede desencadenar brotes psicóticos, alteraciones neurológicas o arritmias.
Un reto de salud pública con dimensión social
Las sociedades pediátricas insisten en que la regulación debe ir acompañada de prevención, educación y acompañamiento familiar, especialmente ante la normalización social de estas prácticas. La accesibilidad, la publicidad y la percepción de inocuidad siguen siendo factores que empujan a los menores hacia estos consumos.
Desde la perspectiva de la pediatría social, el comunicado subraya la necesidad de intervenciones comunitarias, programas escolares y políticas públicas que aborden el problema desde un enfoque integral: salud, educación, ocio y entorno digital.
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